Entre la invisibilidad y el asombro: el reconocimiento.

Históricamente la presencia de personas mayores en el arte estaba asociada o bien a características deseables o bien a desfavorables. Los ancianos simbolizaban sabiduría, experiencia, respeto, pero también eran utilizados para mostrar vicios, actitudes ridículas, locura, enfermedad, maldad, necedad, pecado y muerte.

Con las pantallas (tanto cine como televisión), la imagen se vuelve aún más limitada y selectiva, las personas mayores aparecen en forma de personajes secundarios, y siguen recreando las mismas dos tendencias que en el arte: virtudes o vicios. Pero su presencia era más bien escasa, aparecían por necesidad y en relación con algún otro personaje (la madre, abuela, padre, abuelo…de alguien), es como si no se quisiera mostrar. La imagen de los viejos, robaba espacio y tiempo a otras cosas mucho más interesantes, y desde luego cuando la imagen se vuelve forma de consumo, la imagen de los viejos es difícil de vender. Tal vez una forma de eludir el futuro.

Actualmente es común ver a personas mayores como protagonistas en series de televisión, canales de youtube, películas, anuncios publicitarios, redes sociales, revistas, desfiles de moda, etc., eso ha sido posible gracias a que se ha estado arriesgado a mostrar otras caras del envejecimiento, los ideales se vuelven posibilidades. Las personas mayores han salido de la invisibilidad.

En ese proceso, se han popularizado por diferentes medios diversas historias mostrando las hazañas de personas mayores: quienes han batido un record en un maratón, quien se ha arrojado en paracaídas para celebrar su cumpleaños, quienes vendieron todo para dedicarse a viajar por el mundo, quien abrió su propio canal de youtube, quien ha emprendido un negocio exitoso, la que comenzó una carrera de bailarina, el que comenzó una ingeniería y tantas otras historias.

De ello comienzo el siguiente análisis. Si bien es cierto que todas estas historias se pueden ser inspiradoras, lo cierto es que dejando de lado la edad son personas que han decidido tomar riesgos, cambiar, aventurarse o bien han continuado lo que han hecho toda su vida y ahora obtienen magníficos resultados, y esto no es de ninguna manera un intento de demeritar sus logros.

Pero tampoco debería de ser motivo de gran asombro, es decir cuanta más sorpresa se muestra es evidente que es algo que no se espera de estas personas, como si fuera imposible que pudieran hacerlo. ¿Es que no se espera nada de ellas? ¿Se duda acaso de la fuerza del cuerpo o del espíritu? ¿Se desconoce a la persona que ha realizado tal proeza? ¿Se cree que ya son tan mayores como para hacer ciertas cosas? ¿Cuál es el motivo del asombro?

Sumado a ello, cada vez hay más personas mayores con grandes historias, que además para ellas forman parte de su cotidianeidad. Han sido personas grandiosas y lo seguirán siendo ¿qué de sorpresa hay en ello? Se deberían naturalizar los logros de las personas a cualquier edad, dar el reconocimiento debido y alentarles a continuar o comenzar.  Deberíamos acostumbrarnos a enterarnos de este tipo de historias, porque cada vez las habrá más. Y entre varias de ellas, sería difícil determinar cuál es más importante o trascedente, pues sólo quien ha tenido la experiencia sabe cuánto se ha jugado en ella.

Por otro lado, una vez que se ha logrado que las personas dejen de ser invisibles y conquisten el mundo de la imagen, ahora es necesario que dejen de ser mudas. Es necesario que ahora reconocerlas dueñas de su voz, saber de estas personas por sí mismas. Es necesario que las familias, profesionales, comunidad, instituciones, etc, dejemos de ser sordos, nos demos la oportunidad de escucharlos y re-conocerlos. Pasar del cine mudo al cine sonoro.

Las personas mayores llevan mucho tiempo haciendo eso que hemos percibido como ruido porque no hemos querido escuchar. Dejemos que nos sorprendan también en su discurso, su narrativa, su escritura…  y luego reconocerlos como sujetos, ya sin asombro, sin pensar que lo que hacen es increíble (no-creíble).

Quizá, esta sea otra forma de disminuir el miedo que se puede sentir con miras a la vejez, el temor a quedarse mudo y ser invisible. Y lo más importante, saber que no hará falta que hagamos grandes hazañas o subir al Monte Everest como condición para que nuestra existencia tenga peso. Después de todo, las personas necesitamos del reconocimiento de otros para nuestra propia autorrealización, durante toda la vida.

 

 

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